deportesnet



Juegos Olímpicos
- Deportes Olímpicos
- Sedes de los Juegos
- Países Olímpicos
- Motor de Búsqueda
- Símbolos y Emblemas
- Tips Olímpicos
- Records Participación
- Medallas día a día
 

-
Venezuela en Atenas
-
-
 
 
Símbolos y Emblemas

Símbolos y Emblemas
El Fuego Olímpico
La Bandera Olímpica y los Aros
Citius, altius, fortius
El Juramento Olímpico
Las Medallas de Atenas 2004
El Emblema de Atenas 2004
El Himno Olímpico
 

El Fuego Olímpico - Arde durante los Juegos y simboliza la lucha por la perfección y la victoria. Se enciende en la ceremonia inaugural con una antorcha que se lleva en relevos desde Olimpia, Grecia. El relevo de las antorchas se instituyó para los Juegos de Berlín en 1936, ocasión en que participaron 3.000 corredores; si bien un fuego ardía durante la celebración de los Juegos de Amsterdam en 1928, éste era solamente un fuego local. El profesor Carl Diem, secretario general del Comité Organizador berlinés, tuvo la idea de traer el fuego desde las ruinas de la ciudad sagrada de Olimpia explicando al Comité Olímpico Internacional que, como en la antigüedad, sería "un simbólico homenaje al vencedor de la carrera del estadio de los antiguos Juegos, que tenía el privilegio de llevar el fuego sagrado al altar de Zeus".
A los miembros del COI les gustó la idea y fueron más allá recordando los textos de Plutarco en los que hacía referencia al encendido de la llama a través de "los inmaculados rayos del sol"; de esa forma el 21 de julio de 1936 doce jóvenes griegas encendieron la llama por medio de un crisol en el que convergían los rayos del astro rey. Un atleta griego con el torso desnudo fue el que inició el relevo de la antorcha, la que pasó por manos de tres mil voluntarios desfilando por Atenas, Sofía, Belgrado, Viena y Praga camino de Berlín.
A partir de ese momento el relevo de las antorchas y el encendido del fuego olímpico se ha convertido en un rito imprescindible en cada edición de los Juegos Olímpicos.

La Bandera Olímpica y los Aros - Izada por primera vez en los Juegos de Amberes en 1920 contiene el emblema olímpico, los cinco aros. La bandera fue idea del propio barón Pierre de Coubertin en 1913 y la presentó en el Congreso celebrado con motivo de la 16ª sesión del Comité Olímpico Internacional en París, en 1914. Dicha bandera fue confeccionada por un gran almacén de París bajo la propia supervisión del barón y sus palabras al presentarla fueron "Estos cinco anillos, azul, amarillo, verde rojo y negro representan las cinco partes del mundo unidas en adelante al olimpismo y prestas a aceptar las fecundas rivalidades. Además los seis colores combinados (comprendiendo el fondo blanco), representan los de todas las naciones sin excepción. El azul y amarillo de Suecia, el azul y blanco de Grecia, los tricolores francés, ingles, americano, alemán, belga, italiano, húngaro; el amarillo y rojo de España se acercan a las innovaciones brasileña o australiana, con el viejo Japón y la joven China. He aquí un emblema verdaderamente internacional".
El emblema de los aros entrelazados es representativo de los cinco continentes, el azul representa a Europa, el amarillo a Asia, el negro a África, el verde a Oceanía y el rojo a América.
La Bandera olímpica original se encuentra actualmente en el museo olímpico de Lausana, Suiza.


Citius, altius, fortius - La divisa olímpica, más rápido . . . más alto . . . más fuerte, simboliza la ambición para superar a los rivales y la voluntad del deportista para superarse a sí mismo. 
Esta divisa no fue creada por Pierre de Coubertin o algún miembro del Comité Olímpico. En ocasión del Congreso que se iba a celebrar en el año 1897, Coubertin rehusó realizarlo en París ya que pensaba que en una gran ciudad se iba a diluir su importancia y pasaría desapercibido; de acuerdo a esto el mismo se llevó a cabo en la ciudad de El Havre. Para ello y según cuenta Coubertin en sus Memorias buscó el apoyo del prior del colegio de Arcueil, padre Didon, uno de los más fogosos e interesantes oradores de la época. 
Toda la historia de la divisa oficial olímpica se resume a las tres palabras pronunciadas en latín por el padre Didon para inculcar a sus discípulos el espíritu deportivo durante los encuentros de fútbol, diciéndoles: ¡¡¡ Citius, altius, fortius !!!
Estas palabras que por sí solas conforman un gran mensaje de belleza moral e inspiración impactaron tanto al barón Pierre de Coubertin que de inmediato fueron adoptadas como divisa oficial olímpica.

El Juramento Olímpico de los deportistas - Recitado por primera vez en los Juegos de Amberes en 1920 expresa:
"En nombre de todos los competidores prometo que tomaremos parte en estos Juegos Olímpicos respetando y acatando las reglas que los gobiernan, con genuino espíritu de deportivismo, por la gloria del deporte y el honor de nuestros equipos".
Quien tuvo el honor de pronunciarlo por primera vez fue el destacado deportista belga Victor Boin, participante en las dos ediciones anteriores de los Juegos, esgrimista y waterpolista, quién posteriormente ocuparía los cargos de Presidente del Comité Olímpico de su país y Presidente de la Asociación Internacional de la Prensa Deportiva.
La primera vez que este Juramento Olímpico fue escuchado por el mundo ocurrió en ocasión de la inauguración de los Juegos de 1928 en Amsterdam, gracias a la primera transmisión en directo por radio.

Desde los Juegos Olímpicos de 1928 en Amsterdam hasta Sydney 2000 la medalla de premiación de los Deportistas ha mantenido en su diseño a la diosa Niké sentada con una espiga en una mano y una guirnalda en la otra. Con la excepción de los Juegos de Munich en 1972, Moscú 1980 y Barcelona 1992, los Comités Organizadores de dichos Juegos realizaron un diseño completamente diferente ajustado a la cultura de esos países.
En Atenas 2004 el diseño tiene rasgos de crácter netamente griego por ambas caras. Como la diosa Niké volaría al Estadio para coronar al mejor deportista, decidieron representar en la medalla el interior de un estadio, se eligió el estadio Panateneo donde en 1896 revivieron los Juegos Olímpicos.
En el reverso de la Medalla figura el deporte en el cual ha sido ganada.
Los elementos del anverso son tres:
- El primero es la llama eterna que se encendió en Olímpia y viajó por los cinco continentes antes de regresar a Grecia.
- Junto a la llama aparecen las primeras líneas de la octava Oda Olímpica de Píndaro, compuesta en el año 460 a.c., para celebrar la victoria de Alcimedon de Egina en los concursos de lucha.
- Completa la Medalla el Emblema de los Juegos de Atenas de 2004.
El diseño es de Elena Votsi.

El Kotinos – palabra que en griego antiguo significa la rama del olivo y por extensión la corona del vencedor – es un emblema simple, sobrio, pero también único, supremo y perpetuo. Simboliza la importancia histórica de la Grecia antigua, el ciclo inextinguible de la vida, y la calidad imprescindible de los Juegos Olímpicos. Apunta a la unidad del pasado con el presente. Es un símbolo universal de libertad, esperanza, sencillez y es una fuente de inspiración para los deportistas y los ciudadanos del mundo entero. Sus colores destacados en blanco y azul, traen a la mente la limpidez del cielo, la transparencia y el ímpetu del mar griego. Es el resultado de una colaboración entre dos estudios de artes gráficas, la empresa griegas Design Consultants y la británica Wolff Olins.

El Himno Olímpico fue escrito por Kostis Palamas y compuesto por Spyros Samaras. Se cantó por primera vez el 25 de marzo (día de la Independencia de Grecia) de 1896, por un coro compuesto por miembros de todas las sociedades musicales de Grecia, en la ceremonia de inauguración de los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna en el Estadio Panateneo. Generó tal entusiasmo entre los espectadores que fue repetido.
En 1958 fue establecido como Himno Oficial del Comité Olímpico Internacional.

Espíritu inmortal y ancestral, padre puro
de lo bello, lo grandioso y lo verdadero,
desciende, revélate y brilla
en la gloria de tu propia tierra y cielo.

En carrera, en lucha y en lanzamiento de peso,
brilla el calor de la noble competición,
corona la juventud con la rama imperecedera,
y haz sus cuerpos fuertes y dignos.

Valle, montañas y mares brillan contigo
como un gran templo blanco y púrpura
y que a este templo venga como peregrino,
el inmortal y ancestral espíritu,
de todas las gentes de la tierra.